La distancia no se mide en kilómetros
Un comprador noruego, un heredero británico y una sociedad alemana tienen algo en común: ninguno de los tres puede pasarse por la oficina a preguntar cómo va lo suyo. Su relación con el despacho es enteramente escrita, y por tanto la calidad de esa relación es la calidad de lo que reciben por escrito.
El riesgo clásico de un despacho internacional no es contestar tarde. Es contestar bien pero en el sitio equivocado: por WhatsApp desde el móvil de alguien, en un correo que no se reenvía a nadie, en una llamada de la que no queda nada. Seis meses después nadie puede reconstruir qué se le dijo al cliente ni cuándo.
Y hay una segunda capa: cada uno escribe en su idioma. Noruego, inglés, alemán, español. Un despacho que atiende en cuatro idiomas necesita que el idioma sea un detalle del mensaje, no una carpeta aparte.


